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¿Idiocracy es real? El colapso de la inteligencia humana en la era digital.

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¡Hola, mis queridos michismosos! Aquí su gato favorito reportándose desde el tejado de la realidad. Hoy no vengo a ronronear, vengo a sacar las garras porque me puse a ver una película del 2006 llamada Idiocracy (La idiocracia) y me dio un susto de esos que te erizan hasta la última fibra del lomo. En la peli, un tipo común queda congelado y despierta 500 años después en un mundo donde el coeficiente intelectual promedio es el de un ladrillo. Pero, ¿les digo la verdad? Viendo cómo están las cosas, creo que no necesitamos esperar cinco siglos. ¡Ya llegamos!

El experimento que nos dejó atrapados en el futuro más tonto

En la película, Joe Bauers (un tipo promedio) termina en el año 2505 por un error militar. Se encuentra con una sociedad que riega los cultivos con bebidas energizantes “porque tienen electrolitos” y donde la película más premiada es, literalmente, un trasero en pantalla por dos horas. Yo miro mis redes sociales hoy y, sinceramente, solo nos falta el trasero con un “Oscar“. Estamos en el 2026 y la carrera por ver quién es más hueco parece el deporte nacional. ¡Miau, qué miedo!

Redes sociales de Idiocracy: El criadero de la estupidez humana

No es sino que uno se asome a TikTok o Instagram para que se le caigan los bigotes de la impresión. Es la mata de la incoherencia. Ves gente haciendo ruidos molestos, moviéndose como robots oxidados o imitando animales con disfraces ridículos. Lo peor no es que lo hagan, sino que hay miles de “michismosos” perdiendo el tiempo viéndolos. ¿En qué momento el entretenimiento se volvió ver a alguien siendo voluntariamente un descerebrado?

El negocio de la vagancia: Pagar por no hacer nada

Si ver a alguien haciendo el ridículo es grave, darle dinero es para que te quiten el carnet de humano. Hay transmisiones de gente sentada con carteles que dicen: “No quiero trabajar, ayúdenme” o “Quiero un Play 5”. ¡Y con horrores de ortografía! Es indignante que alguien que madruga y se gana el mínimo le suelte sus monedas a un vago que ni siquiera se peina para la cámara. La lógica se fue de vacaciones y no dejó ni la dirección.

Influencers: ¿Líderes de opinión o promotores del mínimo esfuerzo?

Ahora los jóvenes no quieren ser médicos, ingenieros o científicos; quieren ser “influencers”. Google dice que es la carrera soñada en los países de habla hispana. Me pregunto yo, con mi cabecita de michi: si llega otra pandemia en diez años, ¿quién nos va a salvar? ¿Un tipo haciendo un ‘unboxing’ de maquillaje o una chica haciendo un baile viral? Estamos cambiando el conocimiento por los lujos fáciles y los filtros de belleza.

La caída libre de la música: De Beethoven al Autotune

Hubo una época en que Beethoven componía sinfonías siendo sordo y Freddie Mercury nos ponía la piel de gallina con su voz. Pero después del año 2000, la calidad musical cayó como el Coyote por un precipicio. Hoy, cualquier “artista” sin talento mete cuatro ruidos en un computador, le pone autotune a sus balbuceos y ¡pum!, premio a la música del año. Es el equivalente musical al trasero en la pantalla: vacío, repetitivo y sin alma.

Letras vacías y el retroceso de los grandes artistas

Lo más triste es ver a artistas que antes escribían poemas ahora diciendo “YOYOYO” y soltando groserías para encajar con los “borregos” actuales. Ver a estrellas que cantaban en tres idiomas bajarse al nivel de insultar en sus canciones solo por vender es una vergüenza. Van como el cangrejo, de para atrás. Ya no se busca el arte, se busca el algoritmo, y en el proceso nos estamos quedando sin nada que valga la pena escuchar.

¿Humanos o animales? La locura de los “Therians”

Ahora la moda es decir que no eres una persona, sino un animal atrapado en un cuerpo humano. Se hacen llamar Therians y los ves en redes así como en las calles saltando en cuatro patas con máscaras de gato o colas de lobo. Lo que me eriza los pelos es que esto se venda como algo “positivo” y no como una pérdida total de la cordura. Hay gente pidiendo ser atendida por veterinarios y exigiendo que respeten su identidad de Husky o de lince, mientras viven cómodamente con el Wi-Fi de su casa. Es el ejemplo perfecto de Idiocracy: una sociedad con tanto tiempo libre y tan poca lógica, que prefiere renunciar a su humanidad por un puñado de likes.

El mercado del placer digital y la falta de amor propio

Para cerrar con la cereza del pastel (que más bien parece arena de gato usada), hablemos de las plataformas de contenido para adultos. Niñitas que no quieren trabajar y hombres que pagan por ver una pantalla. ¡Por favor! Están pagando por algo que ha sido gratis toda la vida mientras se quedan solos frente a un celular. Es el colmo de la necedad. Como dijo el Agente K en Hombres de Negro: “La masa es tonta“. Joe Bauers no pudo escapar de ese mundo, ¡pero nosotros todavía podemos intentar salvar nuestras neuronas!

Si quieres apoyar este proyecto y ayudar a peluditos de la calle, tienes el enlace abajo. Invítame las croqueticas:

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