
Nos encontramos con un video que parte el alma de golpe y es el colmo del maltrato animal. Es tan desgarrador que Chisfi se negó a verlo.
En las imágenes, publicadas por el canal de TikTok llamado IguanaTV, aparece un perrito en un estado lamentable: sumamente flaquito, con serios problemas de piel, un collar enterrado y fundido contra la carne y una herida abierta en su cuellito.
El humano que graba el video intenta consolarlo mientras deja al descubierto sus huesitos y le pide perdón, con la voz quebrada, por el trato ruin que algunos humanos insisten en darles a los que caminamos en cuatro patas. Lo increíble viene después: el perrito, en medio de su sufrimiento, parece entender que este humano es diferente a los monstruos que lo llevaron a ese extremo. No intenta atacar ni morder; se deja consentir, se deja subir a la camioneta y entra noblemente al huacal sin poner la más mínima resistencia, echándose de inmediato en la caja plástica rumbo a la veterinaria.
Al llegar, el animalito come un poquito mientras el rescatista confirma lo que ya dictaba la lógica: el peludito llevaba muchísimo tiempo amarrado, sin ver un plato de comida. La rabia y la impotencia brotan solas cuando el hombre lanza la pregunta inevitable: ¿Qué clase de ser humano es capaz de tener a un animal en estas condiciones?
Al final del video, se confirma que es un perrito joven que ya ha pagado una condena injusta demasiado larga. Se quedará hospitalizado para que el dogtor le haga los exámenes correspondientes, con la promesa de que esto va a ser un punto de giro y un testimonio para todos.
Desde aquí, en este circo sin bozal, volvemos a levantar la voz con indignación y firmeza en contra del maltrato animal. Los animales no son objetos descartables para llegar a este punto de miseria. Si alguien va a tener la enorme responsabilidad de cuidar a un peludito, tiene que entender que son parte de la familia; y si una persona ve a un ser vivo como una cosa sin sentimientos a la que puede dejar a su suerte, es mejor que no tenga nada.
Este perrito que nos parte el alma, al parecer, tuvo que jugarse la vida y escapar del infierno donde lo tenían encadenado solo para sobrevivir. Si su instinto no le hubiera gritado que tenía que huir, no lo habría logrado.
Agradecemos al humano de buen corazón que no vio hacia otro lado cuando el perrito se acercó a él para pedir ayuda.
¡NO MÁS MALTRATO ANIMAL!

