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¿Qué hacen las mascotas cuando se quedan solas? El diario de una espera.

Qué hacen los perros cuando se quedan solos en casa

Hoy quiero contarles que el humano y yo tenemos un ritual.

Yo lo veo levantarse, alistarse, desayunar e irse. Lo sigo a todas partes por el cuchitril como si se fuese a ir para siempre, mientras él nos dice a Naranjosito y a mí que nos quiere mucho. Mi compañerito felino apenas medio abre los ojos y suelta un miau, como respondiéndole: “Sí, sí, bueno… te creo”.

Al final de todo ese proceso, el humano mira esa cosa rara que tiene en la muñeca, acelera el paso, agarra sus llaves, nos da un besito rápido a los dos y cierra la puerta.

De inmediato, empiezo a caminar por el apartamento como alma en pena. Huelo mi comidita pero no me da por comer, tomo un sorbito de agua y me voy a la ventana. Veo personas y carros pasar, pero de mi humano no hay ni rastro. Regreso a la sala para echarme en el piso y dormir un ratico. Mientras tanto, Naranjosito no ha abierto un ojo ni para ver si sigo vivo, aunque yo sé que él está ahí acompañándome.

Más tardecito, vuelvo a levantarme y juego con mis juguetes cerca de la puerta por la que se fue. Oigo pasos y me ilusiono pensando que ya regresó, pero las pisadas se alejan, me doy cuenta de que no es él y me quito de ahí. Miro mi plato de comida, pero todavía no tengo hambre y, si mi pancita no pide comida, es porque todavía falta mucho para que el humano vuelva. Vuelvo a acostarme en la sala al lado de mi compañerito michi, que me mira con los ojos entreabiertos y los vuelve a cerrar.

Van pasando las siestas y las rutinas. Naranjosito cambia el sofá por el rayito de sol que entra por la ventana y pega en el piso. Como queda cerca de la entrada, me vuelvo a acostar al lado de él, pero sin cerrar los ojos. Me quedo mirando la puerta fija porque escucho gente hablando, pero otra vez las voces se van. Pongo la cabecita sobre el piso mientras Naranjoso observa todo lo que hago; no está dormido, me cuida, porque sabe que cuando el humano no está, el michi queda a cargo. Y así, los dos cerramos los ojitos mientras aprovechamos el solecito.

Duermo otro rato hasta que las tripas me rugen: ya es momento de comer. Me como la comidita, tomo agua y a mi lado está Naranjoso haciendo exactamente lo mismo mientras mueve la cola.

Y ahora que nuestras pancitas están llenas, los dos sabemos muy bien lo que eso significa: ya se cumplieron todos los pasos, ya casi volvemos a ver al humano.

De repente, se escuchan pasos reales y el ruido de las llaves. Levanto las orejitas, mi corazón empieza a golpear fuertísimo y Naranjoso también voltea a mirar fijamente hacia la puerta. La perilla gira, la puerta se abre… ¡es él!

Salgo corriendo a saludarlo moviendo la cola como si se me fuera a caer, mientras mi amigo felino le ronronea y se le cruza entre las piernas. El humano está de vuelta en el cuchitril y la manada está reunida otra vez.

Reflexión final: La diferencia entre esperar y ser abandonado

Los animalitos no sabemos de horas. Solo sabemos de procesos: como cuando nuestras pancitas se llenan y entendemos que el humano ya casi va a llegar y la manada se volverá a reunir.

Esas rutinas y señales de presencia y ausencia nos dan estabilidad, aprendizaje y autonomía. Algunos aprendemos rápido, otros un poco más lentico, pero lo verdaderamente importante es lo que descubrimos en ese proceso.

Al final, para todos los animalitos, el reencuentro con el humano es el momento supremo para reafirmar el vínculo. Sin embargo, hay una línea muy clara: una cosa es aprender a quedarse solo un rato y otra muy distinta es ser dejado completamente abandonado.

Durante una ausencia prolongada, nosotros también tenemos necesidades básicas que deben ser suplidas. Que un animalito pueda tolerar una ausencia cotidiana significa que logra desarrollar cierta autonomía dentro de una rutina de cuidados; no significa que pueda prescindir de su persona durante días.

🐶 La opinión de Chisfi

Yo no sé cuándo vuelve. Pero cada vez que se va, aprendo que también va a regresar.

Por eso puedo esperar un rato, dormir, jugar y seguir con mi día.

Pero esperar no significa que me puedan dejar atrás.

Porque cuando nadie vuelve, ya no es espera: es abandono. 🐶❤️

Chao Michiamigos.

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